Antes solía tener 20 años

Cualquiera que me conozca mínimamente sabe que me encanta organizar MI vida. Adoro hacerme un planning, ya sea mental o en el Google Calendar. Un lunes ya estoy planeando lo que voy a hacer el primer sábado del mes siguiente. Seguramente sea algún TOC que nace de la necesidad de tenerlo todo bajo control. Lo gracioso, para mi, no para los demás, es que al final casi nunca cumplo aquello que planeo. Esa necesidad hace que, de vez en cuando, tenga ansiedad por la incertidumbre que me rodea, ya sea sentimental, laboral o incluso sobre qué voy a comer mañana. Todo esto no sería un problema si no afectase a la gente que me rodea. Algunos lo soportan bien, otros no se dan cuenta, otros lo aceptan sin más, otros se enfadan…

Qué le voy a hacer, me gusta la rutina y, a la vez, me encanta romperla, pero siempre que parta de mi mismo. Siento mal que alguien aparezca de repente en casa cuando ya había planeado pasarme la tarde tirado en el sofá sin hacer nada, y a la vez agradezco que alguien sea capaz de aparecer para romper mis planes por otros mejores. Será que soy raro, o un poco imbécil, no sé, pero me gusta probar cosas distintas y me gusta probar las cosas de siempre.

Soy capaz de obsesionarme con algo hasta dejar de lado cualquier cosa que hiciera antes. Puedo tirarme mucho tiempo leyendo y luego otro tanto sin tocar un libro. Puedo estar meses tocando a diario y luego un par de años sin sacar la guitarra de la funda. Llevar 15 series al día y después no ver ninguna. Creo que en lo único en lo que soy constante es en la cerveza, mi pequeña, peluda y hermosa barriga es buena muestra de ello. Pero tampoco soy un sibarita, no nos confundamos, con que esté bien tirada me conformo.

¿Que por qué escribo esto? Pues no lo sé. Seguramente por romper la rutina, y porque no tengo nada que hacer ahora mismo. Siempre viene bien escribir y relajarse un poco. Acabo de escuchar una canción horrible, pero que tiene la frase del título de esta entrada.

Antes solía tener 20 años, pero ahora todo lo contrario.

La frase me parece brutal. Mis 20 años no fueron, precisamente, los más felíces. Soltero, fracaso en mi primer año en la Universidad (lo siento, mamá, peor fueron los 2 siguientes), la sensación de que iba a tener un futuro poco halagüeño, baja autoestima… Cosas de adolescentes. Lo bueno, es que 12 años después es, realmente, todo lo contrario. Bueno, vale, soltero estoy, pero el resto de cosas no son así. Bueno, vale, joder, podría estar mucho mejor, podría ser un exfutbolista millonario que dice paridas a diario en alguno de esos programas deportivos, pero no hay queja. Creo que tengo una profesión que me gusta, en la que soy bueno (no lo digo yo, que conste, yo diría que soy el más mejor del mundo mundial pero aún no lo sabéis) en ella, que puedo aprender cosas nuevas de mucha gente. Llevo el tipo de vida que quiero, no me importa mandar a la mierda a quien no me interesa y aprendí a seleccionar a la gente con la que me rodeo, que no es mucha, pero es la suficiente.

Si llegásteis aquí, os estaréis preguntando por qué coño cuento esto. Pues mira, lo estoy contando porque me apetece, porque escribir me relaja y me hace ver las cosas con claridad. Mañana voy a comer setas a la plancha con una tortilla francesa y canónigos. Y por encima una salsa de chipotle que compré hoy en el “Super Internacional” que hay por Argumosa.

A ver si vuelvo a escribir, lo dudo mucho, soy un vago, que la serie de los hologramas estaba muy bien, o la de las naves espaciales, o cuando escribía a diario mi dosis de Bilis. Debería escribir más, sí, y también debería hacer deporte, y trabajar algo en casa, preparar nuevos programas, hacer algo de radio, crítica musical… Debería hacer tantas cosas que creo que voy a hacerme un Trello para tenerlo todo bien planificado… Ay, ya empezamos otra vez.

PD: aquí os dejo la canción, que sino seguro que la buscáis…

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