Sin más.

Que muevan tus contenedores de sitio y no los encuentres, por la noche, lloviendo, con frío, con 3 pesadas bolsas de basura y dos cajas semivacías de pizza.

Tropezar en el final de las escaleras mecánicas del metro cuando llega el metro.

Equivocarte tres veces al meter tu clave de usuario y que te bloqueen el acceso durante 2 horas.

Que te devuelvan 17€ en monedas de 50 céntimos porque “no me quedan billetes”.

Que alguien tropiece contigo mientras llevas tu desayuno en la bandeja y se vaya todo al suelo.

Que resbales con el café y te caigas sobre el charco de café que acabas de tirar.

Que tu jefe te mire mal por ir con los pantalones mojados y oliendo a café y suciedad.

Quedarte sin tabaco y que el estanco más cercano esté a media hora andando.

Que se borre todo el curro de una semana por culpa de tu ordenador.

Que te culpen por ello.

Que todo lo que haya para comer esté malo.

Que no te funcione la tarjeta de fichar y tengas que salir una hora más tarde.

Que pierdas el metro porque se agotó el billete.

Que la máquina que acepta monedas no funcione.

Que no haya nadie en la taquilla.

Caminar a la siguiente parada mientras llueve como si no hubiera un mañana.

Resbalar por esquivar a una señora que no se mueve “porque llueve mucho”.

Que tampoco funcione la máquina que acepta monedas.

Que en la taquilla te miren mal por ir mojado.

Que en el andén se aparten de ti porque hueles a café rancio y a humedad.

Que el metro vaya hasta arriba.

Que la gente del metro te mire con cara de asco por tu olor y tus pintas de tirado.

Que pierdas la cartera y te quedes sin dinero, tarjetas, y casi sin vida.

Que se atranque la puerta de tu casa y no puedas entrar.

Que un vecino te ayude, después de una hora delante de la puerta, y la abra sin más…

Si no te pasan más de cinco situaciones como las descritas, no tuviste un mal día. Yo no lo tuve, solo fue un lunes sin más…

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